No.
No lo fue, porque me niego a creerlo.
Decirte adiós, así, sin más, sin que puedas oirme ni siquiera no es suficiente. No lo es.
Y repetirme a mi misma cientos de veces que no debería haberme alejado de tí, no ayuda. Duele.
Ojalá pudiera llorar aún más si cabe para dejar de pensar por más tiempo, para centrarme en mis sollozos e intentar olvidar tu egoísmo.
Y aún así no puedo odiarte, ni yo ni nadie. Porque eras el cordero... Nuestro corderito.
Y te queríamos, joder, te queríamos muchísimo. Todos.
Quisiera poder decir eso de que el tiempo cerrará la herida.
Pero el tiempo no te traerá de vuelta. Y mis palabras tampoco.
Pos eso ahora sí. Adios.
A ti, pero no a tus recuerdos, que me mantendrán entera.. o me harán caer. Pero esta vez no pienso abandonarlos.
Adiós.
sábado, 19 de enero de 2008
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