Primera vez que te ví
Llegué.
Entre temerosa y confundida, abri la puerta y entré. Me dio un vuelco el corazón. No había nadie.
Esperaba encontrarme aquel lugar plagado de gente y estaba desierto.
Eso me alivió al principio. "Al menos no he tenido que sentir la mirada de todos sobre mi cuando traspasé la puerta", pensé. Pero la espera fue peor.
¿Cuántas personas iban a llegar?
¿Cuántas de esas sillas iban a quedar vacías? ¿Habría acaso que traer más? Los nervios estaban haciéndome polvo.
Alcé la cabeza al escuchar chirriar las bisagras unos metros más allá. Me encontré con su mirada, y me dedicó una sonrisa. Yo hice lo propio.
Y la última vez que lo hice
Me esperaba su habitual sonrisa. El más sencillo saludo salió de su boca, y tras esto, nos pusimos rumbo al parque. El camino fue, casi en su totalidad silencioso, a excepción de un par de frases estúpidas, de esas que se te ocurren cuando no sabes que decir, nuestros pasos sobre la hojarasca, y algo que creo que ya jamás olvidaré:
-Olaya... tú... ¿tú crees que me conoces bien?
Abrí los ojos. Abrí mucho los ojos ¿Qué clase de pregunta era aquella?
-Sí.. supongo, no sé. ¿Por qué?
Y de nuevo su sonrisa.
Llegamos junto a los demás, y ya éramos solo eso; dos más entre todos ellos. Entre las risas que compartimos, entre las tonterías que dijimos todos juntos. Entre las lágrimas que algunos derrmamos y entre las caricias y palabras que otros nos ofrecisteis.
La última vez que fuimos felices... juntos.
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1 comentario:
Pero aún se puede ser feliz. Aunque no sea juntos...
Ánimo, pequeñita.
Un beso.
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