miércoles, 27 de febrero de 2008

¿Cómo explicarlo...?

Transformar tu boca, pintarla del color de la borgoña. Beber de tus labios mientras la mirada, oculta tras los párpados, muere un segundo y visualiza en su agonía los colores que se proyectan bajo tu piel gélida, mientras se eriza al contacto.
Empaparme de esa ponzoña de la que es poseedora tu sangre y disfrutarlo.
Rogarle al cielo en un sollozo que pare el tiempo y sentirte así, asi  de cerca para siempre.
Notar como tus dedos juegan en mi pelo, creando una tela de araña entre ellos,  a la par que yo acaricio tu rostro y adivino tus facciones valiendome unicamente de mis manos.

Mirarte un momneto, solo un momento, y sonreirte con los ojos. Así hasta que tus labio quieran volver a jugar conmigo.
Un leve roce, apenas un suspiro helado y un adiós. Cuando los alientos se despiden y van ganando distancia entre ellos. Llega entonces el final de un sueño.

Eso, delirio mio, todo eso es un beso.


__

miércoles, 20 de febrero de 2008

Falsos dioses

"Un sabio de la Vieja Terra había proclamado una vez que la ciencia destruiría a la humanidad, pero no a través de las armas de destrucción masiva, sino demostrando de forma progresiva que Dios no existía. Insistí en que semejante conocimiento arrasaría la mente de las personas y las dejaría enloquecidas al darse cuenta que estaban completamente solas en un universo despiadado".

Falsos dioses (Las raíces de la herejía) - Graham McNeill


Si realmente fuese así, parte de este mundo estaría casi muerta, otra pequeña parte viendo el abismo en el que moriría, y otra parte, muriendo por la salvación. Miles de guerras por la salvación, por pisotear la de los demás e imponer la suya. Un comercio. Y la verdad sería la forma de morir, pero por suerte, vivir fuera de la paz mental que la religión suponía.

Jasper había vivido entre muchas de aquellas religiones, desde el judío, donde se había criado los primeros años, y después, debido a los viajes de sus padre, empleado de un gran comerciante de Constantinopla que tenía gran influencia entre los judíos de todo Europa y Asia: Abraham Amzalag, o “El joyero A”, como solían llamarlo; hasta el musulmán, el cristianismo, y atisbos de otras religiones muy minoritarias tanto del Norte de África como de Asia. Sin duda, esta mezcla de dioses, creencias y tradiciones empezaron a desfragmentarse en una mente privilegiada y motivada, para intentar buscar una verdad que no quería aparecer. Toda su infancia se había desarrollado en colonias judías de los países del centro de Europa, con una gran sensación de intransigencia mutua entre todas las culturas que se acercaban lo suficientemente cerca para dejarle esa curiosidad que le ardía por dentro, pero que era desviada antes de que pudiese saber algo más que los insultos que profería su familia. Obviamente, los cristianos, que eran los más abundantes por aquellos países, tenían toda la pinta de ser unos crueles hombres, injustos, mentirosos, y despilfarradores. Pronto empezaría a ver que tantas palabras no eran más que lo mismo que se podía aplicar a personas de cualquier religión, independientemente de cual fuese.



[Se trata de una redacción para el insti, está inacabada, pues son máx. de 6 pág. en Arial 12 (xD), así que seguiré. Lo mejor es que tengo que relacionarla con mi pueblo... pues vamos para rato...]

Todo por hoy n. n

lunes, 11 de febrero de 2008

Voy  a castigarme el ego.
Para que no crezca.
Para que no siga creciendo.

¿Porque no me entiendo ni a mi misma?
 ¿Debería empezar quizá por intentarlo?

Voy a toruturar a esa autoestima cambiante.
Para que no se modifique.
Para que siga modificandose.


¿Qué voy a hacer cuando sepa que me pasa? ¿Aceptaré entonces que... no es pasa nada?

Voy a mortificar un amor propio, que solo me está acercando al final de una camino que no quiero terminar.

lunes, 4 de febrero de 2008

Primera vez que te ví
Llegué.
Entre temerosa y confundida, abri la puerta y entré. Me dio un vuelco el corazón. No había nadie.
Esperaba encontrarme aquel lugar plagado de gente  y estaba desierto.
Eso me alivió al principio. "Al menos no he tenido que sentir la mirada de todos sobre mi cuando traspasé la puerta", pensé. Pero la espera fue peor.
¿Cuántas personas iban a llegar?
¿Cuántas de esas sillas iban a quedar vacías? ¿Habría acaso que traer más? Los nervios estaban haciéndome polvo.
Alcé la cabeza al escuchar chirriar las bisagras unos metros más allá. Me encontré con su mirada, y me dedicó una sonrisa. Yo hice lo propio.

Y la última vez que lo hice
Me esperaba su habitual sonrisa. El más sencillo saludo salió de su boca, y tras esto, nos pusimos rumbo al parque. El camino fue, casi en su totalidad silencioso, a excepción de un par de frases estúpidas, de esas que se te ocurren cuando no sabes que decir, nuestros pasos sobre la hojarasca, y algo que creo que ya jamás olvidaré:
-Olaya... tú... ¿tú crees que me conoces bien?
Abrí los ojos. Abrí mucho los ojos ¿Qué clase de pregunta era aquella?
-Sí.. supongo, no sé. ¿Por qué?
Y de nuevo su sonrisa.
Llegamos junto a los demás, y ya éramos solo eso; dos más entre todos ellos. Entre las risas que compartimos, entre las tonterías que dijimos todos juntos. Entre las lágrimas que algunos derrmamos y entre las caricias y palabras que otros nos ofrecisteis.

La última vez que fuimos felices... juntos.